lunes, 15 de febrero de 2016

Anochece, luego amanecerá

Un día una amiga me dijo que tengo mucha suerte con los atardeceres, que me salían muy bonitos. Sus palabras me hicieron recordar que me he pasado media vida persiguiendo el atardecer. Casi sin darme cuenta, a la hora del atardecer, levanto la cabeza y busco el Sol. Es como un instinto animal que uso para sincronizar mi reloj interior de manera inconsciente. Es curioso como nuestro yo inconsciente hace cosas que condicionan nuestra forma de ser. Seguramente esta costumbre mía viene de cuando era un adolescente que corría con perros cada tarde, buscaba el rayo verde en el último suspiro de Sol y aullaba en las noches de luna llena. Ahora la vida solo me deja desviar la cabeza un momento de mis obligaciones y comprobar que el atardecer sigue ahí (¿o seré yo el que no me permito seguir disfrutando de esto?).

El caso es que, con los años, he recopilado una buena colección de atardeceres. Sé que cada uno de ellos me ha dado algo bueno. No sé dónde se guarda ese algo (si no fuera un Cyborg diría que están todos en mi alma), pero sé que están. Siguen ahí aunque ahora pase mucho tiempo encerrado entre cuatro paredes mirando una pantalla de ordenador o escuchando cosas en una reunión más o menos aburrida. A mis 41 años puedo decir sin miedo a equivocarme que los atardeceres son mi ancla con el mundo real. El mundo de las montañas, del sudor,  de la sed, del frío de la noche, del vacío de las estrellas, del olor del musgo y del crujir de la escarcha bajo mis pies. Un mundo que respiré con amigos cuatrúpedos a los que ahora echo tanto de menos.

En fin, que me lío y me pongo melancólico. El caso es que tirando de memoria he recopilado alguno de los atardeceres que más me han gustado (y que tuve la posibilidad de recoger en una foto). Los hay bonitos a secas o bonitos solo para mi porque al verlos viví algo especial. Y mientras los repasaba, he sido consciente de la cantidad de momentos especiales que he vivido viendo cómo el Sol se va o viene (también hay algún amanecer especial... )

Y como introducción a estas fotos, no se me ocurre nada mejor que este dibujo (demoledor, como siempre) de El Roto sobre los atardeceres: "Anochece, luego amanecerá".



Y es que los atardeceres son como promesas de un nuevo día... Ahí va la selección (si pinchas en una foto se pueden ver los comentarios en flickr).



  anochece

viernes, 24 de abril de 2015

Sr. González-Pons

Sr. González-Pons

Hoy (24/04/2015) he coincidido con usted en un vuelo Milán-Madrid. Al verle sentado esperando el embarque he tenido la tentación de entablar una conversación con usted. Confieso que la primera sensación que he tenido al verle ha sido la ira. Un enfado sordo en el que, seguramente de manera injusta, le hacía a usted culpable de buena parte de los problemas que afectan a nuestro país. No le conozco personalmente aunque reconozco que su amor por el Mediterráneo me despierta cierta simpatía hacia usted (pero no se emocione, no les votaré…). Ese lugar común ha matizado mi enfado y me ha llevado a escribir este texto mientras cruzamos los Alpes. De hecho, ahora que lo pienso, seguramente es usted el único miembro de su partido que no despierta en mí vergüenza ajena (al menos no todo el rato). Es una sensación rara. Casi seguro que discrepamos en casi todo, pero tiendo a pensar que alguien a quien le gusta tanto el mar no puede ser mala persona ;)

Me dan ganas de preguntarle cómo hemos llegado hasta aquí. Cómo es posible que nadie hiciera nada por evitar la burbuja inmobiliaria, cómo es posible que nuestro sistema educativo (por ejemplo) esté como está, por qué tenemos tantos aeropuertos vacíos, o cómo se explica que un país como el nuestro soporte una tasa de paro tan inconcebible. Muchas preguntas complejas de formular y más de contestar. Le aseguro que se las hago tragándome la ira y asumiendo buena fe por su parte y por los de la "clase" (¿o prefiere casta?) política. ¿es mucho asumir?.

Mientras escribo esto me acuerdo de los muchos amigos bi-licenciados y con doctorado que han perdido su trabajo y han tenido que emigrar para buscarse la vida. Me viene a la cabeza la cantidad ingente de dinero público hemos dilapidado en infraestructuras ahora infrautilizadas. ¿Qué hemos hecho mal para que los de mi generación (tengo 40 años) vivamos peor que la de nuestros padres que vivieron una dictadura?.

Está usted sentado unos cuantos asientos delante de mí. Cuando aterricemos yo tendré que correr a coger mi vuelo a Granada (donde vivo). No volveré a tener la oportunidad de hacerle las preguntas anteriores.

Así que permítame que, apelando a su papel como representante de los ciudadanos (le hayan votado o no), le pida dos cosas bien fáciles:

1) Léase el libro "Lo que era sólido" de Antonio Muñoz Molina. Es muy pequeño, le costará poco. En él se describe de manera clara y directa la visión el autor sobre la situación de nuestro país. Seguramente no estará usted de acuerdo con las razones que D. Antonio argumenta, pero a lo mejor sí con el diagnóstico de la situación. Se lo recomiendo porque de manera implícita el autor repite la idea de "¿cómo hemos llegado hasta aquí?" que intentaba transmitirle anteriormente con mis preguntas.

2) Una vez leído el libro, ¿Sería tan amable de añadir un comentario a esta entrada mostrando sus impresiones?. No le pido un discurso político, sino la reflexión honesta de un hombre que ha sido testigo-protagonista de las última décadas.

Bueno, espero ansioso ese comentario.

Saludos cordiales y buen fin de semana.

viernes, 19 de septiembre de 2014

¿Cuántos números hay?

Eloi (5 años) lleva un tiempo con mucha curiosidad por los números. En su cole lo hacen tan bien que le enseñan cosas sin que se dé demasiada cuenta. Y poco a poco eso va calando. Es como si le fueran dando lecciones al subconsciente y un día alguna sale a un plano más consciente. En ese momento suena un "Eureka" en su cabeza y se pone muy contento de lo que descubre.

Este verano hemos disfrutado varios Eurekas...

El primero transcurrió en una playa. Estaba él recogiendo conchas y cristalitos. Los puso sobre la toalla ordenados por colores. Y de repente, cuando los contaba, se quedó paralizado de la emoción (sí, la emoción del descubrir). Unos segundos después dijo:

"Mamá, mamá, mira: hay unos números que tienen un número en medio y otros que no"

Su madre no entendía al principio, pero cuando se acercó a la toalla descubrió el misterio. Eloi se había dado cuenta de que al poner tres cristalitos juntos, o cinco o siete, siempre podía separar dos grupos de cristales y dejar uno en medio. Ese era el "número que queda en medio"... Sin embargo, cuando ponía dos, cuatro o seis cristalitos, no era posible dejar uno en medio.

Nuestro pequeño orco acababa de experimentar en neurona propia lo que son los números pares e impares. Lógicamente su madre recompensó su descubrimiento con una explicación sobre números pares e impares. A partir de ese día todo el rato estaba preguntando si tal número (el 80943, por ejemplo) era par o impar. Hasta que unas semanas después de su descubrimiento llegó lo que su madre y yo nos temíamos:

"Papá, el infinito ¿es par o impar?"

Ay, pensé. En estos momentos siempre me acuerdo de los libros esos tan estupendos donde dicen que hay que fomentar la curiosidad de los niños y que está feo eso de decirles "deja ya de de preguntar cosas". Igual tienen razón, pero también es posible que nos estemos pasando...Total, que en ese momento me acordé de +Clara Grima (una estupenda matemática twittera-bloguera divulgadora de pelo rojo) y le pedí ayuda:




Ella contestó amablemente con una respuesta contundente aunque algo difícil de explicar a un niño:

Le respondimos tratando de hacerle ver el concepto de concepto de infinito, pero no se quedó demasiado convencido. Puso cara de "me la estás colando". Y ya me sé yo qué viene después de eso: me la devuelve multiplicada...

Hoy, mientras íbamos al cole en bici (bueno, en bici yo. Mis nenes en remolque, como reyes...), ha sido el día elegido para devolverme el "concepto" de infinito. Estaba yo resoplando con el corazón en la boca cuando va y empieza la siguiente conversación:

Eloi: "Papá, estoy pensando una cosa".
Yo: "(ay madre). Dime hijo..."
Eloi: "Es que no es verdad eso de que haya infinitos números"
Yo (en modo condescendiente): "Claro que sí, hijo. Si te pones a contar desde el uno en adelante, nunca acabarías. Siempre podrías seguir avanzando".
Eloi: "No, no es verdad"
Yo: "Sí, hijo. Hazme caso, soy tu padre y sé más de números que tú"

(bien, ya ha conseguido ponerme donde quería tenerme. Creo que huele el aire de superioridad de los adultos. Y cuando detecta ese olor es implacable: dispara al cuello)

Eloi: "No, te equivocas. Hay solo 10 números: del 0 al 9. Y todos los demás números se hacen mezclando esos. Por ejemplo, once es un uno al lado de otro uno ¿Entiendes?".
Yo: "Pues sí, tienes toda la razón del mundo. No entendía que querías decir"

Y así van pasando los días, entre eurekas y patinazos de su padre... Es curiosos como le gustan los números y no le gustan las letras. No parece tener demasiado interés en aprender a leer. Sin embargo sí que empieza a entender algunos conceptos más complejos de las matemáticas como la multiplicación. Ya entiende el concepto de mitad y de doble y lo usa para hacer sumas sencillas. Pero aún le cuesta escribir palabras algo más complejas que su nombre.

Mientras, Mario (2 años) también ha aprendido a contar. Pero lo hace a su manera, con un nuevo sistema numérico. Para él solo existen los números 1, 2, 5 y 7. Parece que no le gusta como suenan los demás... Su cabecita todavía no se ocupa de esas cosas. Él está ahora muy entretenido con el concepto de comparación. El otro día, por ejemplo, su madre le preparó un bocadillo de paté. Él al verlo por primera vez, lo abrió y dijo:

"Mamá, parece caca de gato"

Nunca ha visto la caca de gato, pero el tío hizo la comparación con una componente de sorna bien evidente. Después de decir esto, metió el dedo en el paté (=caca de gato) y se pintó los labios...

Bueno, hasta aquí la historia de hoy...

Prometo que la próxima entrada irá sobre cuestiones laborales (espero que interesante)






domingo, 16 de febrero de 2014

Gracias por mi (nuestro) curriculum.


Los que me conocen saben que estoy empeñado en la palabra "nosotros". Es casi obsesión lo de trabajar en equipo y tratar de canalizar el potencial y el ego del individuo a través del trabajo grupal. No os creais, no es modestia ni humildad. Es en realidad una forma algo rebuscada de egocentrismo. Pero bueno, me lo perdono. 

El Curriculum académico es el paradigma de lo que no me gusta. Consta de una serie de méritos en los que aparece tu nombre en primer lugar: artículos científicos, charlas, comunicaciones a congresos, libros, etc. Si tu nombre no está, no existes. Eres mejor científico cuanto mayor es el número de referencias con tu nombre. Y si además esos productos tienen tu nombre escrito en inglés, pues mejor que mejor. Al final el trabajo científico consiste en conseguir muchos méritos. Se han perdido en buena medida los objetivos del bien común que persigue la ciencia: generar conocimiento para la sociedad y aplicarlo. 

El caso es que, dada mi trayectoria profesional, mi curriculum no es gran cosa. Sí, ya sé que alguno dirá que eso del "nosotros" y la transferencia de conocimiento a los gestores (del medio ambiente) es una excusa cutre para tratar de explicar mi pobre curriculum. Y tienen razón los que lo dicen (más o menos). Tengo pocas publicaciones científicas y menos aún en las que mi nombre aparezca el primero. Pero aún así hace unos meses decidí intentar acreditarme por la ANECA. La acreditación consiste en que preparas un dossier enorme con tus méritos y los presentas a una agencia que decide si eres apto o no para ejercer de profesor en una universidad de Españikistán. La verdad es que no confiaba yo en conseguir la acreditación. Sin embargo ayer recibí una carta en la que se aceptaba mi solicitud. Y ahora soy un flamante "profesor contratado doctor" (que no cunda el pánico, podéis seguir tuteándome). 

Después de la sorpresa y la alegría iniciales, he pensado dos cosas que quería dejar por escrito:

La primera es que mi curriculum no debe de ser tan malo para que unos señores muy sabios hayan considerado que merezco la acreditación. Se ve que las publicaciones que tengo no son tan pocas y que otras cosas que hago (y que suelo despreciar) no son tan inútiles: reuniones y saraos en el extranjero, presentaciones, networking (=chicoleo), etc. Para ser una primera conclusión no es muy elaborada, no. Es casi obvia, de hecho.

La segunda sí que es más importante (creo). He sido consciente de que "el sistema" al que tanto critico ha tenido a bien valorar el trabajo de alguien que aparece como segundo o tercer autor en más de la mitad de los méritos de su curriculum. Y si lo han valorado positivamente es que han considerado que lo de trabajar en un equipo tiene su importancia. O sea, que no solo se avanza siendo el primero y regando únicamente tu jardín. También se puede avanzar contribuyendo a regar el jardín de otros... Y esta conclusión me ha encantado.

O sea que, en realidad, no me he acreditado yo. Nos hemos acreditado todos los que firmamos en los méritos que incluí en el dossier. Así que desde aquí, un gran enhorabuena a todos (son muchos para enumerarlos). Pero sobre todo, un más grande aún GRACIAS. Me ha encantado trabajar con todos y cada uno con los que he firmado algo (desde 1998 hasta ayer mismo).

Una de cal y otra de arena

Los dos o tres asiduos lectores de este blog habrán notado a estas alturas que trato de contar la parte divertida de ser padre. A veces es divertido de verdad y a veces es irónicamente divertido. Pero también hay momentos en los que te apetecería dejar de ser padre. Y otros en los que lo dejarías todo por tus vástagos...

Hoy tocan dos ejemplos de los últimos. Una de cal y una de arena. Nunca supe bien cuál es la buena, la cal o la arena. En este caso la de cal es la mala:

Lunes 10 de febrero de 2014; 7:54 A.M. (hora de ir al cole)

Yo (cambiándole el pañal a Mario en el baño): Eloi, por favor, quítate el pijama y vístete. Tenemos que ir al cole



  • Eloi: ...
  • Yo: Eloi, vístete.
  • Eloi: ...
  • Yo: me estoy enfadando. Por favor, hazme caso y quítate el pijama o irás al cole con él puesto
  • Eloi: ...
  • Yo (sí, pasó lo que era de esperar, perdí los nervios y le grité con voz atronadora): ¡¡¡ ELOI !!!, ¡¡¡VÍSTETE YA!!!
  • Eloi: aaagghhh (llantina). No quiero, no me gusta, no quiero ir al cole
  • Yo (avergonzado y enfadado conmigo mismo por haberle gritado): Eloi cariño, ¿Qué te pasa?. Llevas toda la mañana quejándote sin razón (no había querido ni biberón, ni desayunar ni nada de nada). No es normal. Tú siempre te portas bien. ¿es que te duele algo?
  • Eloi (entre sollozos y enfadado): Sí papá. ¡¡¡Me dueles tú!!!
  • Yo: ... (entre sollozos)


No sé de dónde se sacó la frase. No creo que la oyera en ningún otro sitio. El tío fue capaz de verbalizar la ira y el enfado que tenía contra mí por haberle gritado. Y uso una frase llena de sentido que se me clavó bien dentro.

Pero no hay cal sin arena:

Jueves 13 de febrero de 2014; 20:45 (hora de dormir)

Después de cenar Eloi se toma un biberón (no lo perdona nunca. La "leche" puede ser de avena, almendra o incluso de vaca. Pero  siempre ha de tener una cucharada de miel y un poco de canela. Tengo por hijo un orco gourmet). Se lo toma tumbado en el sofá, tapado con su manta favorita. Después de tomárselo toca ir a hacer pipí y lavarse los dientes:



  • Yo: Eloi, venga guapo vamos a hacer pipí.
  • Eloi: Papá, tengo mucho sueño. Llévame en brazos por favor.
  • Yo: vaaaaaale (y lo cargo en brazos hasta el baño)
  • Eloi: aaaahhh (bosteza y se saca la churra. Se pone a hacer pipí sin sujetársela. Es así de chulo)
  • Yo: Eloi, por favor, no hagas eso que si no lo ensuciarás todo.
  • Eloi: Es que tengo mucho suelo.
  • Yo: anda anda lo que tienes es mucho morro (y redirijo el chorro como puedo).
  • Eloi (mientras yo sacudo su churrita): Papá, ¿sabes que estoy muy contento de que seas mi padre?
  • Yo: ... (entre sollozos)


Y así van pasando los días, entre cales y arenas. Hoy ha aprendido a montar en bici sin ruedecitas pequeñas. En un suspiro estará subiendo puertos y humillando a su viejo padre ;)

Mientras, Mario, ha aprendido a decir "sí":


  • Yo: Mario, ¿quieres un yogur?
  • Mario: (es un sí con seguridad, pero con la "s" poco marcada. Mezclada con "t")
  • Yo: vale, ¿quieres un bocadillo de calamares?
  • Mario:
  • Yo: Ya, ¿te apetece quizás un zumo de pipí de rata?
  • Mario (con cara de no entender nada, pero muy firme en sus convicciones):


Está algo confundido aún, pero le pillará el truco (por su bien). Ha aprendido a distinguir la entonación interrogativa y siempre responde con un sí. Me recuerda a mí mismo cuando me proponen dar una charla, ir a una reunión o meterme en cualquier charco ;)





martes, 17 de septiembre de 2013

¿Cuántos Mamuts hacen falta para ganar a un Tyranosaurus rex?



Eloi (4 años) ha entrado en una fase curiosa (bueno, todas las anteriores también lo han sido). Ahora le ha dado por preguntar muchas cosas en plan comparación. Ahí van unos ejemplos:


Él: Papá, ¿Qué es más rápido, una estrella fugaz o una neurona?
Yo: Pueeeees buf. Una estrella fugaz, porque en realidad, las neuronas no se mueven. 
Nota: Le he contado que en su cerebro (él dice "celebro") hay unas células especiales llamadas neuronas. Por ellas pasan los "pensamientos" y se almacenan los recuerdos. Debe de haberse dado cuenta de que lo de pensar es algo que ocurre rápidamente, pero no sabe exactamente cómo de rápido ...

Él: ¿Quién ganaría una pelea: un elefante, un mamut o un Tiranosaurus Rex?
Yo: Bueno, pues yo creo que un T. rex. 

Él: ¿Y si pelean el Mamut y el T. rex contra el elefante?
Yo: Seguro que entre los dos le dan una buena paliza al pobre elefante. Pero, ¿por qué te empeñas en que todo el mundo se pelee? 
Eloi no contesta...

Él: Curro (a veces me llama por mi nombre. Me pone de los nervios. Creo que lo sabe y le gusta ...) ¿Quién ganaría una pelea un niño o un organgután?
Yo digo: Seguramente el orangután.
Y añado sin hablar: , aunque si el niño es medio Orco como tú, no estaría tan seguro ;)

Él insiste: Pero, ¿Y si son muchos niños y un orangután?.
Yo: Depende de cuántos niños sean y de cómo de brutos... (ha captado la indirecta, pero calla vilmente)

Para él lo de la fuerza física es algo muy importante. Su lóbulo frontal aún no ha vencido del todo al "celebro" reptiliano que ocupa el resto de su ser ;) Todo se mide en cantidad de fuerza. No usa Newtons ni Kilopondios, sino grados. Sí, le molan los grados. De hecho, todo se mide en grados: "Papá, te quiero 99 grados" o "Tiene una fuerza de 500 grados". No sé de dónde habrá sacado esto... El caso es que la fuerza es la primera magnitud abstracta con la que está familiarizándose. No es casualidad. Los que vivimos con él no paramos de insistirle en que tiene que controlar su fuerza. Y el primer paso para esto es saber cuantificarla. No vamos muy bien. Sigue creyendo que es más fuerte que el T. rex ;)

Y si la fuerza mola, la velocidad no se queda corta. Solemos hablar de velocidad cuando vamos al cole en bici. La aventura se presta a ello ...:

Eloi: Papá, ¿Qué es más rápido, un leopardo o un cohete espacial?
Yo: Pues claramente un cohete, hijo. Pero muchísimo más rápido.

Pero mi pequeño orco de las montañas (y ríos) también tiene un punto intelectual. Cual mono bípedo comienza a levantar la cabeza para mirar las estrellas y a preguntarse qué hay debajo de sus pies. Ahí van más comparaciones:


Eloi: Papá, ¿Qué planeta del sistema solar es más grande que el Sol?
Yo pienso: Joder, ya casi ha superado todo el conocimiento que su mi abuela adquirió sobre astronomía. La pobre murió creyendo que el Sol era un "praneta".
Pero le digo: No hay ningún planeta más grande que el Sol en el Sistema Solar...

Él: ¿Qué quema más, la lava o el sol?
Yo: El Sol quema muchísimo más que la lava.

Creo que la comparación es una herramienta estupenda que usan los niños para contextualizarse en el mundo que les rodea. Usan las respuesta a modo de aproximaciones sucesivas para ver cómo de lejos está algo, cómo de duro o cómo de caliente. Es como si, de manera inconsciente, buscaran establecer sistemas de referencia relativos. Algo así como "no sé lo lejos que está la casa de mis abuelos, pero si aprendo que está más lejos que mi cole, pues me hago una idea". Al principio este sistema relativo es poco útil: nunca se cruzará con un T. rex ni con un Mamut para poner en práctica la lección. Pero poco a poco irá estrechando los umbrales de este sistema de referencia. Y espero que en ese momento aprenda dos cosas: 1) No es buena idea darle cabezazos a su padre en la entrepierna, 2) Cuando juegas a peleillas no puedes usar toda tu fuerza: te arriesgas a que tu contrincante lo haga también ...

Mientras, en una esquina de la habitación (o del remolque, o del coche...), Mario (1 año) se hace el despistado. Nos hace creer que no se entera, que está muy ocupado intentando enchufar la tostadora o comiendo restos de comida que caen al suelo. Pero a mí no me engaña. Su pequeño "celebro" está tomando nota. Sus ojillos le delatan. Son de un azul mar en un día bonito (según un amigo que lo quiere mucho), pero además parecen decir: "cuando este cuerpo de bebé me mantenga firme os voy a demostrar quién es más rápido, más fuerte y quema más"...

martes, 23 de julio de 2013

Hoy he estado en un tribunal de proyectos de fin de master...

No debería estar escribiendo esta entrada. Ahora mismo debería estar terminando de rellenar la solicitud de un proyecto para conseguir dinero con el que seguir comiendo. Eso con la mano derecha porque con la izquierda debería de estar publicando artículos para mejorar mi curriculum y así estabilizar mi situación profesional (juas). Pero no me da la gana de hacer esas cosas esta tarde. Voy a escribir porque me apetece.

Después de este aviso a navegantes, ahí voy.

Hoy me ha tocado (de rebote, como casi siempre) estar de secretario en un tribunal de proyectos de fin del master de Conservación, gestión y restauración de la biodiversidad. Me tocaba evaluar cinco proyectos completamente diferentes. Como me pasa siempre ninguno de ellos se corresponde con los ámbitos en los que soy experto. Estoy empezando a pensar que no tengo ámbito de experiencia y que como dijo el gran Ángel Felicísimo (@elgolem) soy especialista en generalidades.

Bueno, el caso es que después de leerme los cinco proyectos y de debatir amigablemente con los "masterandos" (seguro que no se dice así), he pensado que quizás se podrían contar los cinco proyectos como si fueran uno (o casi):

Jenaro nos ha contado cómo el tamaño de las hojas, el número de bellotas y de flores del roble melojo (Q. pyrenaica) cambia al hacerlo la altura del robledal. O lo que es lo mismo, es posible parametrizar un modelo que prediga el valor de esas variables en función de factores abióticos (temperatura y humedad del suelo fundamentalmente). Algo parecido ha hecho Carlos, pero cambiando el contexto abiótico del roble melojo. Él ha tratado de establecer una relación entre la presencia de madera muerta (procedente de restos de un incendio) y la supervivencia de plantones de roble. Como era de esperar hay un notable efecto facilitador: las ramas muertas favorecen la supervivencia del roble. También hay cambios en la cantidad de nitrógeno y fósforo en función del tratamiento y de la altura (probablemente detrás de esto se esconda el hecho de que a distintas alturas hay distintos tipos de suelos). Jose Antonio también ha tratado de establecer una relación entre una variable ecológica y una serie de factores (abióticos y bióticos). En este caso se trataba de identificar en qué medida el sobrepastoreo afecta a la supervivencia de las poblaciones del topillo de cabrera. Casi para terminar, Carmen se ha atrevido a simular cómo el suelo es capaz de almacenar carbono procedente de la hojarasca en una plantación de pinar. Por último Jaime ha intentado crear una serie de indicadores que muestran el estado de conservación de una serie de hábitats psamnófilos (arenas y dunas) de la Directiva de hábitats.

¿Y si fuéramos capaces de unir los cinco proyectos y aplicarlos a un ámbito territorial determinado?. ¿seríamos capaces de generar un modelo que simulara el efecto de las variables ecológicas (producción de bellotas, supervivencia, acúmulo de carbono en el suelo, demografía del topillo) en función del contexto abiótico?. Necesitaríamos algunos recursos económicos y sobre todo visión de conjunto, herramientas analíticas potentes y mucha ilusión (la que tienen estos jóvenes investigadores)...

Creo que hacemos una ciencia parcial y sesgada hacia aspectos temáticos y metodológicos muy concretos. Para resolver los problemas de relación que tiene nuestra sociedad con el resto de la biosfera necesitamos (entre otras muchas cosas) integrar la ciencia disponible en modelos complejos que aporten resultados aplicables al territorio.

La imagen de abajo muestra esta idea... Pero chicos, no hagáis caso de lo que digo. En realidad yo soy solo un pringaillo con pocos artículos científicos, así que no tengo mucho criterio para opinar de esto.